martes, 4 de febrero de 2014

Historia de una rulot

por Pau Faus. Publicado en artscoming.com


En julio de 2009 se presentó el resultado del taller ‘We Can Xalant: Laboratorio de arquitecturas nómadas y autoconstrucción’. Fue durante la jornada de puertas abiertas que, como cada verano, cerraba el curso del centro Can Xalant de Mataró. Para los miembros del equipo que ideamos y coordinamos ese proyecto (Lucas Gilardi y Gustavo Diéguez del colectivo a77 de Buenos Aires, Cristina Riera de Trànsit Projectes y un servidor) se trataba de una celebración más que justificada. Se cerraba así un intenso proceso de trabajo de más de ocho meses que contó con la participación de una amplia variedad de artistas, agentes locales y colectivos vecinales. El objetivo de ‘We Can Xalant’ era construir un nuevo pabellón en el patio de Can Xalant, aprovechando al máximo los restos de la antigua obra ‘Xiringuito Mataró’ de Tadashi Kawamata, incendiada y destruida parcialmente un año atrás. Pero la gran novedad que el proyecto presentaba era sin duda la CX-R (Can Xalant-Rulot), una prótesis nómada acoplada al conjunto que permitiría al centro ampliar su radio de acción en el espacio público.

Cuatro años y medio después, y con motivo de la controvertida exposición ‘Un dilema. El arte contemporáneo y la inversión en la incertidumbre’ en el centro Arts Santa Mònica de Barcelona, esa rulot recobró de nuevo un protagonismo. Su privilegiada ubicación dentro de la muestra (en la terraza del centro, a los pies de la Rambla de Barcelona) la convirtió en el foco de diversos debates sobre la pertinencia de una exposición que molestó profundamente a un amplio sector de las artes visuales de Cataluña. La CX-R estuvo exhibida en esa terraza más de dos meses hasta que el pasado 19 de enero una enorme grúa la depositó de nuevo en el camión que la llevaría de vuelta a las dependencias municipales donde se encuentra almacenada. Muchas cosas han cambiado desde ese verano de 2009. Es por ello que he creído oportuno rememorar ahora los orígenes, y parte del recorrido, de esta pequeña rulot amarilla. Confío en que su biografía -vinculada inevitablemente al devenir de Can Xalant- sirva para entender mejor lo acontecido en los últimos meses.

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La futura CX-R en un camping de la Costa Brava (Marzo 2009)
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La rulot durante el taller ‘We Can Xalant’ (Julio 2009)

La historia se remonta a principios de 2009. En ese momento el equipo responsable del proyecto We Can Xalant’ ya llevábamos varias semanas trabajando en el encargo. Se habían tomado ya algunas decisiones básicas, entre ellas la de trabajar exclusivamente con materiales reciclados. Pero lo que centraba por esas fechas nuestros debates era la formalización de la prótesis nómada. Empezamos -inevitablemente- imaginando extraños y sofisticados carromatos móviles, más influenciados por nuestros admirados Archigram que por el sentido común. Progresivamente, y mientras todas esas ideas caían por su propio peso, fuimos entendiendo que la prótesis nómada que necesitaba Can Xalant no debía ser “una carroza” que requiriera continuamente de grúas, camiones o permisos especiales para circular. Todo lo contrario: su éxito debía radicar en su autonomía, en su libertad de movimientos por el espacio público. La lista de candidatos se redujo así de golpe y surgió la idea de la rulot. Tras las pertinentes indagaciones, descubrimos que las rulots de menos de 750 kg eran las que ofrecían un mayor grado de autonomía, ya que no requieren ni de matriculación propia ni de seguro obligatorio, solo deben pasar la ITV una única vez y cualquier vehículo (con un acople instalado y un duplicado de la matrícula) las puede transportar.

Se inició de este modo la búsqueda de una rulot buena, bonita, barata y ligera. Gracias a nuestra colaboración con la empresa Arca del Maresme (responsable de la planta de reciclaje vecina a Can Xalant, de donde terminaríamos sacando todos los materiales para el proyecto) logramos el contacto de un camping de la Costa Brava. Parecía ser que su propietario acumulaba varias rulots viejas que estaba dispuesto a vender a buen precio. Eran rulots abandonadas como moneda de cambio por clientes que al final del verano no pudieron pagar lo acordado. De allí acabó saliendo nuestra prótesis nómada, más tarde bautizada solemnemente como CX-R. Un bonito ejemplar de la desaparecida marca belgaCaravan De Reu, fabricado en 1969 y que, por supuesto, no tenía ningún papel en regla.

El difícil y largo proceso que comportó “dotar de autonomía” -lo llaman “legalizar”- esa pequeña rulot, supuso, a mi modo de ver, el mayor logro del proyecto. Fue allí donde nuestra firme decisión de trabajar únicamente con materiales reciclados se enfrentó a la complejidad legal que esto puede llegar a implicar. Quién haya intentado adecuar un vehículo de más de 40 años de antigüedad a la normativa actual entenderá a lo que me refiero. Los ajustes y documentos necesarios para lograrlo son incontables, entre ellos -y no es broma- una homologación del mismísimo Instituto Nacional de Técnica Aéreo-Espacial. Finalmente, y tras superar con éxito la Inspección Técnica del Vehículo (último escollo de todo este proceso), se pudo obtener la tan ansiada legalización.

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Homologación del Instituto Nacional de Técnica Aéreo-Espacial (Septiembre 2009)
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Ficha Técnica del Vehículo/ITV (Octubre 2009)

Tras ese verano de 2009, la CX-R comenzó su andadura. Durante los años que siguieron, la nueva prótesis nómada de Can Xalant fue interpretada y utilizada de modos muy diversos. Fue espacio expositivo, residencia artística, escenario de conciertos, aula escolar, sala de reuniones, oficina móvil, anuncio ambulante y proyector de cine, entre algunos ejemplos. También su libertad de movimientos y su capacidad de interacción pudieron ponerse a prueba en diversos contextos. Así, por ejemplo, mientras en otoño de 2009 la CX-R itineraba por diversos institutos de Mataró con la propuesta artístico-educativa ‘Zona Intrusa 3’ (Oriol Fontdevila y La Fundició), en verano de 2011 esa misma rulot recorría tres mil kilómetros por la costa mediterránea con la maravillosa exploración ‘Camping, caravaning, architecturing’ (Miquel Ollé y Sofia Mataix).

Con el paso del tiempo la CX-R acabó convirtiéndose en la imagen más identificativa de Can Xalant, en su icono. Aunque ese mérito, evidentemente, no le correspondía a ella. La rulot no hacía más que reafirmar los principales objetivos del centro: la apuesta por la producción, la vocación de servicio público y la búsqueda de nuevas formas de interacción fuera de los límites convencionales del arte. Pero, a pesar de que Can Xalant cumplió sobradamente con cada uno de estos objetivos, el triste final que vivió el centro es conocido por todos.

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La CX-R por la calles de Mataró (Noviembre 2009)
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Proyecto ‘Camping, caravaning, architecturing’ (Agosto 2011)

A finales de 2010, la derecha catalana ganó las elecciones autonómicas y sustituyó a la coalición de izquierdas que había gobernado Cataluña en los últimos siete años. El vuelco ideológico se confirmó, un año después, con las elecciones municipales de 2011. La derecha vencía de nuevo y accedió a los principales ayuntamientos de Cataluña, entre ellos el de Mataró. En 2012, el nuevo consistorio de Mataró anunció el cierre de Can Xalant para finales de año. A pesar de que la medida se enmarcó dentro del contexto generalizado de recortes presupuestarios, el trasfondo era claramente ideológico. La decisión estaba tomada de antemano, bien madurada durante los largos años de oposición, tanto local como autonómica. A la habitual destrucción del legado ajeno que estos relevos ideológicos suelen provocar, aquí se le añadió una firme determinación por erradicar la autonomía conquistada (en los últimos años) por algunos centros de arte.

Esta nueva política cultural generalizada provocó un creciente malestar en el sector. A la muerte anunciada de Can Xalant, se le sumaron otros centros cuyo futuro también era incierto. La gota que pareció colmar el vaso fue el cierre fulminante, en febrero de 2012, del Espai ZER01 de Olot (otro municipio que vivió un relevo ideológico tras doce años de gobierno de izquierdas). Ante la indignación unánime del sector, el conseller de Cultura, Ferran Mascarell, anunció, en marzo de 2012, la creación y el impulso de la “nueva” red de Centres d’Arts Visuals de Catalunya. La inclusión de Can Xalant entre los ocho centros que conformaban la red invitó de nuevo al optimismo. Ese día, la nueva directora de la red de centros, Conxita Oliver, afirmó: “Todos estos centros son y hacen la red, no se dejará a ninguno de lado”. Pero nueve meses después, y ante la absoluta indiferencia de la Generalitat, el ayuntamiento de Mataró ejecutó el cierre de Can Xalant. En la actualidad, el resto de centros de la red sobrevive a base de recortes, cambios de dirección o periodos indefinidos de inactividad.

Tras el desmantelamiento de Can Xalant, el proyecto ‘We Can Xalant’ quedó inicialmente en estado de abandono, hasta que, a mediados de 2013, acabó siendo derribado. Mientras parte del material se tiró a la basura -o tal vez regresó a la planta de reciclaje vecina-, algunos elementos del proyecto sobrevivieron y se trasladaron a un almacén municipal. Entre ellos se encontraban, afortunadamente, la CX-R y sus valiosos permisos de circulación.

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El proyecto ‘We Can Xalant’ con el centro cerrado (Abril 2013)
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La CX-R en la terraza del Santa Mònica (Diciembre 2013)

El 19 de noviembre de 2013, la CX-R reapareció en escena. El motivo de su regreso fue la ya mencionada muestra ‘Un dilema. El arte contemporáneo y la inversión en la incertidumbre’ en el centro Arts Santa Mònica de Barcelona, una amplia y variada selección de trabajos surgidos, durante los últimos años, de la red de Centres d’Arts Visuals de Catalunya. La exposición llevaba el sello del Departament de Cultura de la Generalitat. Pocos días antes de la inauguración, el conseller Mascarell apareció -de nuevo- y declaró que “la red de centros está más viva que nunca”. Esta afirmación exasperó -de nuevo- a gran parte del sector de las artes visuales, conocedor de primera mano del estado ruinoso de la supuesta red. Pero esta vez, no sólo el gobierno (responsable de esta penosa situación) indignó al sector apropiándose de un legado cuyo mérito no le pertenecía; sino que, además, el comisario de la muestra nos descolocó a todos equiparando la incertidumbre del contexto actual a una suerte de campo de potencialidades. De este modo, y pasando de puntillas por las principales causas de esa incertidumbre, el debate quedó -por arte de magia- desconflictivizado.

Las contradicciones eran de una inocencia inusual: ¿Es legítimo reflexionar sobre “la incertidumbre” cuando la reflexión la promueve el principal causante de esa incertidumbre? ¿No es cuanto menos irónico reivindicar “la inversión en la incertidumbre” cuando el principal motivo de esa incertidumbre es precisamente la falta de inversión? ¿Y es realmente necesario convertir, justo ahora, “la incertidumbre” en el enésimo eufemismo que esconde -tras la máscara de lo económico- una cruzada claramente ideológica? Lo que no se le puede negar a ‘Un dilema’ es que reabrió el debate. ¡Y de qué manera! En pocos días la exposición fue interpretada por muchos -entre los que me incluyo- como un flagrante ejercicio de hipocresía institucional. Otros, en cambio, defendieron su pertinencia y reivindicaron por encima de todo el valor de las obras seleccionadas, entre ellas la rulot de Can Xalant. La CX-R no se exhibió en la muestra como un proyecto en sí -muy acertadamente debo confesar-, sino que albergó en su interior el excelente trabajo -no me cansaré de repetirlo- ‘Camping, caravaning, architecturing’ de Ollé y Mataix. Pero, como era de esperar, y más allá de su contenido, la simple presencia de la CX-R en la terraza del Santa Mònica resucitó el fantasma de Can Xalant. Mientras la gran mayoría consideró que la ubicación de esa rulot (en ese pedestal y en ese contexto) era un claro gesto de desconsideración hacia la historia reciente de Can Xalant, otros pocos argumentaron que la ubicación de la CX-R en ese preciso lugar era, por el contrario, un modo de honrar al desaparecido centro de Mataró. ¿Será que se honra al ciervo colgando sus cuernos en casa del cazador?

Tras el final de la muestra, en enero de 2014, muchas de las preguntas que suscitó ‘Un dilema’ siguen abiertas. Lo que está claro en esta historia es que la CX-R, tras su paso por el Santa Mònica, se encuentra de nuevo en un depósito municipal. En uno de esos lugares donde se almacenan carrozas de Navidad y de Fiesta Mayor. Allí, convertida precisamente en lo que nunca quiso ser, la rulot espera a que alguien la saque nuevamente a pasear. Quisiera recordarle al próximo que decida hacerlo que en algún cajón del ayuntamiento de Mataró se encuentran todavía sus permisos de circulación. Tal vez así, cuando la CX-R vuelva a viajar, lo haga al menos sin grúas, ni camiones, ni permisos especiales.

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Traslado de la CX-R al final de la muestra ‘Un dilema’ (Enero 2014)
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Pau Faus, 2014

viernes, 13 de diciembre de 2013

Entre la perplejidad y la vergüenza

A propósito de la muestra Un Dilema. El arte comtemporáneo y la inversión en la incertidumbre.
Blog de Transit Projectes.
Sobre la actual funcionalización de los centros de producción de la xarxa de Centres d'Art de Catalunya. Incluye texto de Pep Dardanya y nuestra opinión al respecto.

Link: http://blog.transit.es/artes-de-pesca/


"Cuando trabajamos juntos con Pau Faus en el proyecto de las rulots amarillas (We Can Xalant) jamás nos imaginamos en qué iba a terminar. La incertidumbre -palabra que ornamenta el título de la muestra “Un dilema”-, estaba en si acaso íbamos a poder finalizar su construcción. Aquella era una incertidumbre basada en la noción de integridad porque apelaba al espíritu colectivo del trabajo. Jamás nos imaginamos que la roulotte terminaría aterrizando en la rampa del Santa Mónica, el edificio de Piñón-Viaplana que estudiábamos con dedicación en los años de formación como arquitectos. Tampoco imaginamos que continuaría ejerciendo su condición nómade. Pero mucho menos que ese pequeño módulo iba a ser menos efímero que la institución que lo cobijó. Extrañamos a Can Xalant y todo lo que no le dejaron seguir inventando.


Repudiamos la manipulación del proyecto, el intento por disimular que aquella rulot es sólo el resto sobreviviente de un naufragio, el mascarón de proa de una red de centros de arte ficticia y desmantelada.
Nos avergüenza contemplar tanto esa pieza como todas las obras de los centros de producción artística catalanes que la Generalitat/CiU ha cerrado. Nos resulta inquietante el intento por demostrar que todo eso forma parte de un continuo sin cambios y que nada allí pareciera haber ocurrido."

Gustavo Diéguez y Lucas Gilardi (a77), autores del proyecto We Can Xalant

viernes, 6 de diciembre de 2013

A Santa Monica, el Dilema és un altre

http://a-desk.org/highlights/En-Santa-Monica-el-dilema-es-otro.html



Con el título "A Santa Monica, el Dilema és un altre" David Torres sitúa su posición respecto a la muestra Un Dilema.
"Un dilema que tiene incluso su símbolo: la célebre Roulotte de Can Xalant, que durante tantos años estuvo en el exterior de este centro de producción de Mataró, y que ha sido su icono,-el símbolo de una etapa en la que se apostaba por la producción y el conocimiento-, ahora es en la terraza de Santa Mónica, justo delante de la Consejería de Cultura"

viernes, 29 de noviembre de 2013

El desmantellament de la cultura: la Xarxa de Centres d'Art

http://www.vilaweb.cat/noticia/4158910/20131129/desmantellament-cultura-xarxa-centres-dart.html

Montserrat Serra describe la situación de la Red de Centros de Arte de Cataluña en el contexto de la muestra Un dilema.


sábado, 20 de abril de 2013

...y ahi continúa


Luego del cierre.
Fotografía de Pau Faus

martes, 9 de abril de 2013

martes, 1 de enero de 2013

Las nueve grúas

Verano de 2009. Nueve enormes grúas plantadas en el suelo definen un paisaje de transformación. El movimiento cotidiano de las máquinas convierte su prolongada presencia en una señal persistente del crecimiento urbano. Día tras día el Mediterráneo deja de ser ese horizonte azul que privilegia la mirada infinita para convertirse en aquello que aparece en el intervalo que dejan los futuros hoteles y los bloques de vivienda.

La foto elegida por Oriol Fontdevila[1] para ilustrar su artículo crítico al cierre a partir de 2013 de Can Xalant -el centro de creación y pensamiento contemporáneo de Mataró-, retrata aquel paisaje inmobiliario en paralelo al ambiente de producción en esos días de sol intenso y trabajo en colaboración acontecido en el patio del centro de arte junto con integrantes de la comunidad del barrio. Dos imágenes de un mismo tiempo. Imagen premonitoria del futuro, las caravanas amarillas parecen sufrir el proceso inverso de salida de aquel lugar; premonitoria del pasado, las grúas auguran el final de una época, el momento de mayor altura antes de que aquel proyectil logre impactar con la burbuja.  

Hay un momento previo a la caída que resulta ser el punto más alto de esa bala lanzada al cielo llamada proyecto. El proyecto encierra a la parábola, la curva de ascenso descendente. La arquitectura se entrelaza con la política bajo esta idea del proyecto en la tensión cíclica que supone la relación entre lo individual y lo múltiple. Ciclos que envuelven al ecosistema civilizado llevando a cabo el ilusorio plan de destierro del individuo son a la vez su opuesto.[2] No parece evidente suponer que la arquitectura constituya ese ciclo que incluye la vida completa de los edificios porque allí, en su final como cosa, se desdibujan los bordes de lo que se da a conocer como proyecto en función de su entidad en tanto mónada política.

Debido a ello es improbable pensar que hoy las nueve grúas se encuentren fuera de actividad en otras geografías. Si después de todo se ha tornado fehaciente que las modificaciones ambientales que han provocado la sucesiva cadena de suspensiones de proyectos culturales no son otra cosa que debidas a motivos ideológicos, del mismo modo sería improbable pensar que los objetivos finales de las actividades que ocurrían en aquel patio de Can Xalant no se reproduzcan en otros espacios, bajo otras esferas, desde otras ecuaciones; ese es el desafío que habrá que tomar como conducta en el tiempo desde la construcción de ambientes, de políticas y nuevas relaciones comunitarias y territoriales antes que toda la escena se constituya en una doble victoria del tiempo cíclico propuesto desde lo alto de las grúas.

Gustavo Diéguez/ a77
Publicado en Architecture Pills


[1] http://www.a-desk.org/highlights/spip.php?article1473
[2] “El individuo debe su cristalización a las formas de la economía política, especialmente al mercado urbano. Incluso como oponente a la presión de la socialización es él su más auténtico producto y se asemeja a ella” Adorno, Theodor. Minima Moralia, aforismo 97, pág. 140. Editora Nacional, Madrid
“The individual [Individuum] owes its crystallization to the forms of political economy, especially the urban marketplace [Marktwesen]. Even as an opponent of the pressure of socialization, it remains the latter’s own product and similar to it”.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Ljubljana


La roulotte de We Can Xalant a MSUM de Ljubljana, 2012.
Exposició "Això no és un museu. Artefactes mòbils a l’aguait" ACVic, Can Xalant

martes, 4 de diciembre de 2012

martes, 6 de noviembre de 2012

No al cierre de Can Xalant

http://www.a-desk.org/highlights/Can-Xalant-cierra-sus-puertas.html
Can Xalant cierra sus puertas. Adiós a la proucción
Artículo de Oriol Fontdevila.

domingo, 4 de noviembre de 2012

CAN XALANT CIERRA SUS PUERTAS. ADIÓS A LA PRODUCCIÓN

Reproducimos aquí el texto publicado por ORIOL FONTDEVILA para A-Desk

Can Xalant, el centro de creación y pensamiento contemporáneo de Mataró, ha devenido una referencia para el despliegue de la última ola de centros de arte en el territorio catalán. La reciente noticia sobre su cierre y replanteo por parte del Ayuntamiento de Mataró es alarmante si consideramos que, con una trayectoria de solamente siete años, Can Xalant ha alcanzado sus objetivos con creces y se ha consolidado como un centro de producción que funciona a pleno rendimiento en relación a distintas escalas territoriales, conectando la ciudad de Mataró con distintos contextos nacionales e internacionales.
Asimismo, la situación nos debe alertar aun más si atendemos a las implicaciones que tiene el cierre a nivel de políticas culturales. Can Xalant no sólo se suma en la cadena de desmantelamientos de espacios culturales que Cataluña lleva acumulando en los últimos tiempos, sino que lo que se está echando a perder en ese caso es un espacio que desde su inicio se planteó como modélico. Y esto por distintas razones.
El año 2006 el centro iniciaba su andadura como punta de lanza de un Plan de Centros de Producción y Creación con el que la Generalitat ha llevado a cabo un conjunto de convenios con administraciones locales para el desarrollo de una red de centros de arte en distintos puntos del territorio catalán. Asimismo, el modelo de gestión que se proponía desde este marco resultaba un paso adelante frente al dirigismo político del que adolecen generalmente los equipamientos culturales en nuestro país, formándose, en el caso de Can Xalant, un equipo de dirección por medio de un concurso público que llevaría a establecer la cooperación entre la empresa Trànsit Projectes con la asociación ACM, esta última pionera en la promoción del arte contemporáneo en la misma ciudad y desde hacía más de diez años por aquel entonces. Ni con el despliegue simultáneo de fábricas de creación que ha tenido lugar en distintos puntos del Estado Español ni con tantos otros casos de instituciones artísticas probablemente se hayan conseguido situaciones de interlocución tan lograda entre la administración pública, la industria cultural y el tejido artístico.
En el resto de centros que se han constituido con el ulterior despliegue de la red encontramos variaciones sobre el mismo modelo, como ha sido el caso de Bòlit en Girona, ACVIC en Vic, y el más reciente Centre d’Art de Tarragona. De igual modo, es importante señalar como este cambio de modelo también obtuvo una reverberación importante sobre el contexto catalán en general. Pues no podemos entender como casual que al cabo de tan solo un año de la apertura de Can Xalant tuviera lugar en su sala de actos la constitución de laXarxaProd, la Xarxa d’Espais de Producció d’Arts Visuals de Catalunya, con la que se articulaba una segunda red que ha formalizado la relación, en este caso, entre una cantidad importante de plataformas, proyectos y espacios del contexto catalán. Una de sus primeras acciones fue definir un código de buenas prácticas entorno a los modos de gestión y actuación, el cual debería ser útil, precisamente, tanto para organizaciones independientes como para los espacios de la administración.
Pero una vez llegados al 2012, es, con la reaparición de la postergada aprobación oficial del proyecto de red de centros por parte de la Generalitat, cuando acontecen las mayores amenazas para dar continuidad a un modelo como el de Can Xalant. Si bien el centro se encuentra en la misma génesis de la política de centros territoriales y, precisamente, se esperaba que la constitución de la red oficial sirviese para proteger su modelo, con la presentación del proyecto de ley de la Xarxa de Centres d’Art de Catalunya, nos encontramos con una situación tan paradójica como altamente nociva por las implicaciones que tiene a nivel de políticas públicas.
Es importante recordar las palabras con que, el mismo mes de marzo en que se presentó ese proyecto, el conseller de Cultura Ferran Mascarell hablaba del cierre del Espai Zer01 por parte del Ayuntamiento de Olot. Si bien lo lamentaba, Mascarell se desentendía también de la situación arguyendo que la Generalitat no podía interceder en una decisión que, tratándose de un espacio municipal, correspondía por entero a la administración de Olot. Así, cuando en la inmediatamente posterior presentación de la Xarxa de Centres d’Art de Cataluña se anunció el traspaso de prácticamente toda la responsabilidad sobre los centros de arte a las respectivas municipalidades, la propuesta de decreto no se podía leer sino como un acto temerario por parte de la consejería de Cultura o bien, directamente, de mala fe. Así, cuando Pep Dardanyà, director de Can Xalant, manifiesta que, frente al anuncio de cierre por parte del Ayuntamiento de Mataró, se ha sentido “desesperado” frente a una Generalitat que, todavía a día de hoy, no se ha pronunciado sobre la situación, no hace más que confirmar que empieza a dar resultados la carambola que ha supuesto el replanteo de la red de centros. Después del caso del Espai Zer01 resultaba evidente que romper la simetría entre la administración local y la autonómica por lo que respecta a la responsabilidad con unos centros de los que, al fin y al cabo, se espera una incidencia supramunicipal, era conducirlos a una situación de extrema fragilidad, al mismo tiempo que la Consejería de cultura se podía lavar las manos dado el caso de su hundimiento.
Por otro lado, entrando en cuestiones de discurso, el hecho que la Xarxa de Centres d’Arts Visuals de Cataluña ha devenido una ratonera para la mayoría de los centros de arte que de entrada debería dar soporte, también queda bastante claro con la primera pantalla de su powerpoint. Allí queda patente el cambio de agenda en relación a la misión del sistema público del arte contemporáneo en Cataluña, cuando como aspecto central se sitúa no otro enunciado que la relación “artista / público”. Es decir, por lo que a la consejería de Cultura se refiere, el entramado de galerías, museos, programas locales, salas de exposición y, cómo no, los mismos centros que articulan de Xarxa, tiene como misión principal la creación de público para el arte contemporáneo. Tomando en consideración que Can Xalant es un centro especializado en producción, que en lugar de exposiciones multitudinarias su labor es la de editar vídeos y pistas de sonido, o que en lugar de actividades para públicos familiares acoge a artistas en residencia, organiza intercambios internacionales y programa actividades para la formación especializada en arte contemporáneo, podemos convenir, pues, que en marzo de 2012, el centro de arte ya tenía su muerte anunciada.

En la conversación que A*Desk publicó a finales de 2006 entre Pedro Soler, entonces director de Hangar, y Pep Dardanyà, el director de Can Xalant hablaba sobre como un centro especializado en producción y a la vez ubicado en una ciudad mediana y perteneciente a la administración pública, tenía que considerar algunos matices al respecto del modelo de Hangar. En el caso de Mataró se consideraba que el centro no se podía limitar a abastecer de recursos a los agentes del sector artístico y que, en cambio, también devía movilizar procesos de devolución social de su actividad. Nos encontrábamos pues frente un centro que precisamente tenía como reto ensayar nuevas relaciones, ya no con el público en tanto que audiencia, sino con el tejido social. “Arte / sociedad” en lugar de “artista / público” era la fórmula en dónde, efectivamente, se apoyaba la primera hipótesis de red territorial de centro de arte, la cual, además, está mucho más acorde, no sólo con los modos de hacer del arte actual, o igualmente los conceptos más recientes de equipamiento cultural como son las fábricas de creación, sino que también de la definición de la cultura en tanto que recurso de la que hemos oído a Ferran Mascarell hablar largo y tendido en tantas otras ocasiones.
Al cierre del Espai Zer01, Haizea Barcenilla sostenía también desde A*Desk que la crisis actual de la cultura contemporánea en Cataluña se debía entender como una vuelta al orden" más que por razones económicas. Y, efectivamente, con el cierre de Can Xalant probablemente estemos asistiendo al principio del fin del soporte público hacia modelos progresistas de gestión y producción de la cultura. Se ha tratado de un centro desde el que, precisamente, se ha trabajado por reinventar los modos de interacción entre arte y ciudadanía, y en ese sentido es incuestionable el esfuerzo que se ha realizado durante sus años de existencia para ensayar soluciones y pensar vías de desarrollo para el trabajo en red, colaborativo, deslocalizado y que conllevase la producción de réditos en relación a distintos ámbitos sociales. Un modo de trabajo que apenas se había experimentado hasta el momento desde las instituciones artísticas del contexto catalán. Y algo que, precisamente en los tiempos de crisis que nos acechan, estaría mucho más acorde, también, con la posibilidad de encontrar modos de decrecimiento cultural que fueran sostenibles en relación a las necesidades del sector cultural, así como las del tejido social en general.
Pero lamentablemente no es así. En un momento de especial fragilidad para la cultura, vemos como las administraciones públicas no sólo hacen y deshacen para desatender y quitarse responsabilidades de encima sobre aquello que en los últimos años se ha conseguido levantar por medio de la interlocución, sino que además lo hunden definitivamente cuando declinan su soporte hacia medidas que para nada son renovadoras y que en cambio rezuman de un populismo exacerbado. ¿Cómo debemos entender sino que, en la misma legislatura del cierre de Can Xalant, la gran apuesta cultural del Ayuntamiento de Mataró haya sido la colección de arte de Luís Bassat, con el cual se ha articulado un consorcio que se dota anualmente de una cantidad económica que duplica la aportación del municipio al centro de arte, y que se define ni más ni menos como “una recopilación de arte contemporáneo, reflejo de la pasión y gustos de sus propietarios”?
Y a ese giro en los modos de utilizar la cultura desde el ámbito público de Mataró le encontramos también un homólogo a una escala territorial mayor, cuando el presidente Artur Mas ha procedido a firmar esa misma semana un convenio para la apertura de una sede del Hermitage en el puerto de Barcelona. En un momento en que la Generalitat sigue sin pronunciarse sobre Can Xalant ni al respecto de la política que emprendió con tantos otros centros esparcidos por el territorio catalán, así como deja asfixiar una gran cantidad de programación y espacios culturales a los que no se ha asegurado todavía recibir la ayuda concedida por ese año 2012, el gesto del presidente de la Generalitat no se puede recibir desde el sector artístico si no es como un nuevo portazo.

viernes, 20 de julio de 2012

jueves, 12 de julio de 2012

lunes, 28 de noviembre de 2011

Camping, caravaning, arquitecturing

Trailer del precioso trabajo de Sofía Mataix y Miquel Ollé. 
Una deriva por los campings y su arquitectura a bordo de la CX-R. Un viaje colmado de experiencias sobre las formas de vida nómade. Lecciones de arquitectura de la vida doméstica.
http://vimeo.com/32586846

martes, 25 de octubre de 2011

Proyecto Camping









CX-R sigue su marcha.
ID#6 Mataró -Vic
Ceci n'est pas une voiture
Projecte Càmping, caravaning, arquitecturing
de Sofia Mataix i Miquel Ollé

Imatges del recorregut pels càmpings de les costes mediterrànies durant juliol i agost de 2011.

més info a:
www.canxalant.cat
www.idensitat.net
www.acvic.org



sábado, 15 de octubre de 2011

Esto no es un museo!

a77 + Pau Faus participan de la muestra colectiva THIS IS NOT A MUSEUM. MOBILE DEVICES LURKING

Del 15.10.2011 al 15.01.2012
ACVic Centre d’Arts Contemporànies
C. Sant Francesc, 1 08500 Vic. España
Inauguración: sábado 15 de octubre a las 19:30 h

Esto no es un museo. Artefactos móviles al acecho es una exposición comisariada por Martí Peran y producida por ACVIC Centre d’Arts Contemporànies en colaboración conAC/E Acción Cultural Española. Se inscribe en el marco del proyecto Ceci n’est pas une voiture, impulsado de manera conjunta por ACVic, Can Xalant e IDENSITAT . Cuenta con diversas fases de desarrollo en las que colaboran o han colaborado Universitat de Barcelona, Museo Centro de Arte Reina Sofía, Roulotte (ACM Associació per a la Cultura i l’Art Contemporani), Trànsit y Cercle Artístic Sant Lluc
Opening: Saturday October 15th at 19:30. Projects by: A77 - Adriana García Galán - Amor Muñoz - Ana Dumas - Anna Recasens - Antimuseo - Cinéma Numérique Ambulant (CNA) – CLUI - Colectivo Cambalache - Colectivo Descarrilados - Colectivo Kabaret Machine - Cristian Añó i David Armengol - Diego Pérez - Domènec - Fabiana de Barros - Felix Mathias Ott - Floating Lab Collective - Iñaqui Larrimbe - Ivan Puig i Andrés Padilla - Josep M. Martin – LaFundició - Lluc Mayol, Matias Rossi i Ricardo Duque - Makea Tu Vida – Marksearch - Miquel Ollé i Sofia Mataix - Núria Güell - Nuria Montiel - Pablo Helguera - Pablo Rojas Schwartz - Platoniq - Public Works - Raimond Chaves - Rallyconurbano - Raumlabor - Sabrina Artel – Soundlab - Straddle3 i Todo por la Praxis - Theo Craveiro - Toni Tomàs i Carles Porta - Virginia de Medeiros - Vitor Cesar

martes, 18 de mayo de 2010

Zona Intrusa


En septiembre de 2009 el colectivo La Fundició junto con Oriol Fontdevila realizó la tercera edición del proyecto Zona Intrusa para la ciudad de Mataró. Para la edición de este año se colaboró con el Centre Can Xalant que ofreció la unidad móvil CX surgida del proyecto We Can Xalant del colectivo a77 y el arquitecto Pau Faus.


Zona Intrusa es un proyecto itinerante de educación cultural destinado a estudiantes de secundaria que semanalmente se va mudando por distintos institutos de Mataró con el objetivo de estudiar el entorno urbano inmediato a cada centro. El trabajo se articuló a partir de:

-Sesiones de trabajo con los productores culturales y el profesorado de los institutos de educación secundaria.
-Trabajos en el aula y el entorno con los estudiantes y uso de un contenedor móvil itinerante por los diferentes centros (septiembre-noviembre 2009).
-Regreso del proyecto a la esfera cultural, con la realización de una exposición (abril 2010).


Este trabajo supone un ejemplo más de los usos que la Unidad Móvil CX ha venido realizando con éxito durante este su primer año de existencia.

domingo, 21 de marzo de 2010

martes, 13 de octubre de 2009



foto: Susana Muns

we can xalant, obra terminada

18 de julio





fotos de Pau Faus